02 marzo 2009

LSDE: Liga Secreta De Escritores


La Liga Secreta de Escritores (en adelante LSDE), inicia su incógnita andadura alrededor del año 2003, de forma tan secreta, que hasta el año 2005 nadie repara en su existencia. Es don Evaristo, un humilde trabajador del barrio de La Verneda de la ciudad de Barcelona, quien, inmerso en la sensata búsqueda y captura de una broca del cinco, repara por primera vez en la existencia de la LSDE.

El único objetivo de la LSDE es la celebración de opíparas cenas mensuales en diferentes sedes oficiales, como el Cinco Puertas, la Gran Bodega Eduardo, Freiduría La Gamba, y otros locales de recia raigambre, suculenta despensa y surtida bodega. La organización de este evento se realiza por el método de correos electrónicos cruzados entre los miembros (en adelante Cofrades) de la LSDE. Este método es el que facilita la creación literaria de los Cofrades, convirtiendo los correos electrónicos en sublimes destemplanzas narrativas, con tremendos planteamientos, excepcionales desarrollos, y sorprendentes desenlaces.

Cinco son los componentes de la LSDE. Cuatro de ellos son los Cofrades Fundadores de la LSDE: el Cofrade Hama K, el Cofrade Sillón S, el Cofrade Tamburete Kid, y el Cofrade Silla Jotera. El quinto componente es el Testigo Inocente, pre-cofrade en proceso de iniciación.

En su devenir, la LSDE ha perpetrado dos ‘novelas cortas’ (“La cagaste Evaristo” y “El nombre de La Cosa”), y cinco series de ‘cuentos temáticos’ (“Cuentos Misántropos”, “Cuentos Meta”, “Cuentos Contados”, “Cuentos personales”, y “Cuentos cantados”). Actualmente la LSDE se haya en proceso de fusilamiento (no hay sugerencias) de una tercera ‘novela corta’ (“Burtenio, o que la muerte les repare”), y de una cuarta serie de ‘cuentos temáticos’ (“Cuentos Personales”).

En cuanto a los ‘novelones, estos se perpetran por el sencillo método de ahora escribo yo y luego tú y luego el otro y…, favoreciendo así una ejecución (no hay sugerencias) a cuatro mentes que puede dar miedo, pero también resultar simpática, o incluso estimulante para personalidades con parangón. Por lo que se refiere a los ‘cuentos temáticos’, los desalentadores temas son propuestos por el Consejo de Cofrades, seleccionados en sufragio minimalista, y ejecutados (sugerencia: fusilados) en peregrina intimidad por los Cofrades, para finalmente convertirse en una amalgama de acertados desatinos que posiblemente confirmen algún teorema científico o social pasado de moda.

Interesadísimos en salvar el mundo mientras cenamos, es nuestra intención compartir con la humanidad y otras posibles formas de vida (atendiendo a las técnicas de análisis multivariable), nuestros conocimientos secretos en cuanto a determinadas cosas, no todas. Es por ello que perpetramos este blog, que esperamos os guste y colme expectativas, sean estas las que sean, siempre que sean espectaculares.

En cualquier caso, si bien resulta relativamente sencillo de encontrar un blog que cubra los conocimientos introductorios a la seguridad e higiene psicosomáticas, ya no es tan fácil hallar un vergel digital que acoja las técnicas multivariables de escritura más usuales para el análisis e hipercloración de datos, y que esté escrito específicamente para personas que, sin una fuerte base logarítmica y con una elemental capacidad cognitiva, quieran adentrarse en los temas que consideren de interés para su entretenimiento social.

Sean bienvenidas.

LOS CUENTOS MISÁNTROPOS

La selección de nuestros cuentos inspirados en la dulce misantropía.

"La existencia humana debe ser una especie de error"



Por Cofrade Hama K

(La raza humana, ese puto virus del planeta Tierra)

“Odio el puto instituto. Odio a los putos profes. Odio a mis putos compañeros. Odio a mis putos padres y a mi puto hermano. Odio a toda la puta raza humana y además no me gustan los lunes. Así que cojo un rifle del armero de papá y un par de cajas de munición. Me voy al insti y me instalo en el techo del gimnasio. Me pongo el pasamontañas negro y me quedo allí sentado esperando tranquilamente la hora del patio. Mientras cargo el rifle pienso: me cago en la eso y en la puta madre que la parió, pienso: no hay futuro, ni para mí ni para los que me lleve por delante, que serán bastantes, porque he cogido dos cajas de veinticinco proyectiles de un calibre lo suficientemente gordo como para desparramar los sesos de cualquiera de un solo disparo. Si no fallo ningún tiro, calculo que unos cincuenta. En estas que suena el timbre, los arcos del patio vomitan a toda velocidad alumnos de todas las razas, géneros, edades y tamaños. Desde aquí arriba cuesta un tanto distinguirlos, así que a los primeros los elijo al tuntún, pero enseguida empiezo a seleccionar. Me cargo un par de moritos apestosos, al gordito idiota de tercero A, a la ecuatoriana de las tetas gordas, al Cabestani y al Godes, siempre insultándome, al contrahecho de segundo B, a cuatro tías del grupo de pijas del rincón de la fuente, a la Estefi, al Chincheta, al Tranquis Branquis, y mientras voy contando, trece, catorce, joer, todo aciertos, ni un fallo, y entonces veo al Titoco, el profe de Mates, está en la pista de basket intentando que un grupo de primero se ponga a cubierto. Le apunto cuidadosamente, aprieto el gatillo, le he dado y digo: quince, mientras veo como explota su cabeza y salpica democráticamente a los aterrados mamoncetes de primero. Y sigo. A esas alturas de la partida todo el mundo está intentando resguardarse, son patéticos y odiosos, mi odio se acrecienta, pienso: el ser humano es un cúmulo de ridiculeces, pienso: la raza humana es una aberración. Me cargo a un imbécil con gafas, al profe de sociales, mira quien acaba de asomar el jeto, si es Moragas, el profe de francés, también me lo cargo a la primera... Veinticinco aciertos. Venga, partida gratis, veinticinco tiros más. Empiezo a cargar los proyectiles de la segunda caja de munición. Cosa más rara, siguen cayendo sin que les dispare... Ay la hostia, hay otro tirador en el techo de la sala de actos, se está cargando a un montón de imbéciles, y eso sí que no. Le observo a través de la mira telescópica, lleva un pasamontañas negro y un rifle como el mío, y también me está observando a través de su mira telescópica. Apunto a ese cabrón y disparo como un poseso. Joer, me ha dado. Pienso: la extinción del hombre es altamente recomendable para el bien del planeta, por lo menos he extinguido a unos cuantos, pienso, mientras voy cayendo de cabeza hacia el cemento del patio, camino de extinguirme yo también”.

“Odio el jodido instituto. Odio a los jodidos profes. Odio a mis jodidos compañeros. Odio a mis jodidos padres y a mi jodido hermano. Odio a toda la jodida raza humana y además no me gustan los lunes. Hoy me siento preparado para hacerle un favor al planeta y deshacerme a tiros de algunos cuantos humanos a través de una ráfaga de tiros certeros. Así que cojo un rifle del armero de papá y munición por un tubo. Me voy al insti y me instalo en el techo de la sala de actos. Me pongo el pasamontañas negro y me quedo allí sentado esperando tranquilamente la hora del patio. Mientras cargo el rifle pienso: Es moralmente inaceptable no odiar a la humanidad, la existencia humana debe ser una especie de error. La raza humana es un puto virus con zapatos, pienso. Disfruto matando y violando gente, es ecológico. En estas que suena el timbre, el patio se llena de alumnos, son como hormiguitas, cuesta distinguirlos desde aquí arriba, pero me esfuerzo en identificarlos. Empiezo a disparar, me cargo un par de negritos apestosos, al idiota ese de tercero B que siempre anda gastando bromas estúpidas, a la dominicana del culo enorme, al Bergés y al Llopis, siempre incordiando, al tartaja de segundo A, a varias tías del grupo de pijas del rincón de la palmera, a la Juani, al Trompeta, al Pérez López, y entonces veo al Moragas, el profe de Francés, va dando saltitos, intenta resguardarse inútilmente tras una farola pero le asoma toda la barriga, me lo voy a cargar. Cosa más rara, oigo disparos, pero yo no he sido... Ay la hostia, hay otro tirador en el techo del gimnasio, también se está cargando gente. Me cago en sus muertos, ese hijo de puta acaba de cargarse al Moragas. La ira me invade. Con las ganas que yo le tenía al Moragas. Moragas era mío. Eso sí que no. Observo a través de la mira telescópica a ese cabrón que dispara desde el techo del gimnasio, lleva un pasamontañas negro y un fusil como el mío, y también me está observando a través de su mira telescópica. Apunto a su jodida cabeza y disparo como un poseso. Joer, me ha dado. El ser humano no merece ser tratado con respeto, exterminar la jodida raza humana es una digna misión, y yo he puesto mi granito de arena, pienso mientras voy cayendo de cabeza hacia el cemento del patio, camino de exterminarme yo también”.

“Joer, acabábamos de salir al patio y justo le estaba diciendo al profe de Filo que Dios es la perfecta excusa para que los hombres no hagan algo mejor con sus vidas, como por ejemplo acabar con ellas, cuando de pronto han empezado a disparar. Eran dos, desde el techo del gimnasio y desde la azotea de la sala de actos. Entre los dos, vaya escabechina que se han montado, cuarenta muertos y un montón de heridos, sin contarlos a ellos dos. La verdad es que a mí me estaba molando, nadie saldrá vivo de aquí, pensaba, cuando de pronto han empezado a dispararse entre ellos y han acabado cayendo de cabeza al patio y se han hecho mierda. El Dire les ha quitado las capuchas y han resultado ser dos tipos de cuarto, los gemelos García, Heidegger García y Schopenhauer García. Que al final se eliminaran entre ellos ha sido espectacular tío, una especie de suicidio, seguramente lo tendrían planeado. El suicidio es una actitud más que comprensiva, le digo al profe de Filo, casi nadie merece existir, de hecho habría que abogar por la esterilización de la mayor parte de la población. ¿A ti no te han dado? Al Dire tampoco, qué lástima. Puestos a exterminar, me esperaba más”.

"Y Dios se cagó en..."



Por Cofrade Sofá S

Dicen que “El día que Dios hizo la tierra y los cielos, no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues, Dios no había hecho llover sobre la tierra (…).Entonces Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente.” (Génesis 2, 4-5 y 7)

Pero no dicen que luego Dios, en su infinita sabiduría, exclamó, “¡me cago en mí!, pero que he hecho. Acabo de crear al que profanará y corromperá mi obra, con lo hermosos que me han quedado la tierra y los cielos.”

"Eran otros tiempos"


Por Cofrade Tamburete Kid

Nos conocimos en un camping en la Costa Brava. De eso hace treinta años. Recién estrenábamos constitución y democracia tras una larga dictadura. Joseba era alto y espigado, Gorka chaparro y cabezón. Hicimos buena amistad. Nos divertimos mucho y al año siguiente nos volvimos a encontrar en el mismo camping. Eran como hermanos, habían nacido en el mismo pueblo y se habían criado juntos. Lo compartían casi todo, el coche, el perro, la vivienda… Sin embargo, eran muy distintos. Los dos defendían la idea de un País Vasco Independiente, pero Joseba simpatizaba también con las ideas libertarias del momento: amor libre, un mundo sin fronteras… Gorka lo tenía muy claro: Euskadi libre y santas pascuas.

Tres años más tarde me los encontré en un camping en Zarautz. Seguían compartiéndolo casi todo. Los dos se alegraron sinceramente de nuestro encuentro. Aquella noche la celebramos con borrachera en la playa. Al día siguiente nos encontramos en el bar. Primero apareció Joseba, estaba resacoso, pero feliz a su manera, me invitó a un porro. Luego apareció Gorka, estaba serio y apenas soltó palabra. Finalmente, propiciado por los comentarios sarcásticos de Joseba, todo el mal rollo que acumulaba Gorka salió con demasiado estrépito. A Gorka no le gustaba nada que su amigo fumase porros y que consumiera anfetaminas. Le reventaba ver cómo Joseba le dedicaba más tiempo a las mujeres y a la diversión que al problema vasco. Por su parte, Gorka prefería las fiestas populares, llenas de tradición y sentimientos nobles. Debido a su carácter reservado había estado cediendo a las propuestas de su amigo más por la amistad que por sus propios deseos. Joseba, a su vez, le recriminó su mente cerrada y anticuada, su falta de tolerancia… Aquel día se pelearon como no lo habían hecho nunca y yo fui testigo para mi desconcierto. Gorka recogió sus cosas y se fue. Joseba le quitó hierro al asunto y nos fuimos a comer. Tras la comida regresé al cuartel donde me alojaba, pues estaba haciendo la mili, y ya no supe nada de ellos hasta poco antes de licenciarme. Fue a Joseba al que me encontré en el casco viejo de San Sebastián. Iba bastante pasado. Me di cuenta enseguida de que había optado por la heroína, ¿por qué? Eso no suele saberse. Apenas hablamos unos minutos. Me contó que no había vuelto a hablar con Gorka. De hecho, hacía seis meses que se había ido del pueblo. Ahora vivía en Donostia y se ganaba la vida con el pequeño narcotráfico.

Un año después, por un amigo común de la época del camping, supe que Joseba había sufrido un accidente que le había dejado importantes secuelas a causa de las múltiples quemaduras que sufrió. El bar K…, que frecuentaba Joseba en el barrio de A…, tenía fama de ser centro de trapicheo. De acuerdo con la consigna del momento, el local se convirtió en objetivo de ETA y le pusieron una bomba en los lavabos. Joseba fue uno de los que sobrevivieron al atentado. Poco tiempo después detuvieron a Gorka como miembro de ETA. Entre los diferentes cargos que le imputaron figuraba el de haber puesto una bomba en el bar K…

"Luna llena"



Por Cofrade Tamburete Kid

A Don Ignacio Pizarra lo fueron a buscar bien entrada la noche. Todo fue muy rápido. Le hicieron vestirse con lo justo, le vendaron los ojos y se lo llevaron en un coche negro. Después lo condujeron a un desguace de coches en las afueras de la ciudad. Una vez allí lo introdujeron en una barraca de paredes de ladrillo y techo de Uralita. Le interrogaron y luego, tras desnudarlo completamente, lo ataron de pies y manos, lo amordazaron y lo dejaron encerrado, sólo y a oscuras.

A partir de ese momento la noche se le hizo más negra a Don Ignacio. Con el paso de las horas se le haría interminable. Permaneció así durante todo el día siguiente. Hizo sus necesidades dónde y como pudo y no probó agua ni comida. Tampoco hubiera podido: tal era la descomposición de su estómago. Finalmente, bien entrada la noche, vinieron a buscarle y, tras un nuevo interrogatorio, se lo volvieron a llevar, apenas con la ropa puesta y otra vez con una venda en los ojos. En el trayecto pensó que ahora vendría lo peor, que de ésta no iba a contarlo. Sintió frenar al coche y el alma se le vino a la boca, vomitó un líquido mucoso y blanquecino, todo lo que tenía en el estómago. Le hicieron descender y caminar apenas unos metros. Cuando creyó llegada la hora le desataron las manos y le dijeron que no se moviera, que no abriera la boca. Luego oyó arrancar al coche y cómo se iba alejando. Parece que te libraste, se dijo aún con el miedo contenido. Se quitó la venda de los ojos, descubrió que la noche era de luna llena y que estaba a unas pocas calles de su casa. Sí, te libraste, dijo ahora con la boca pequeña y amarga.

Su mujer le recibió con el rostro demacrado y bañado en lágrimas. Don Ignacio se abrazó al cuerpo rechoncho de Doña Asunción y lloró hasta la saciedad. Ella le preparó el baño y la cama. Mientras se desvestía, Don Ignacio reparó en que tenía los muslos y las nalgas pringados de mierda. Doña Asunción recogía las prendas con ternura y sin asomo de ningún asco. El le preguntó, sin darse la vuelta, frente a la pared, si habían llamado del sindicato. Ella dijo que no, que nadie más que ella estaba al tanto de lo sucedido. Bien, dijo él, ahora es cuestión de aparentar que nada ha pasado. Ella lo miró inquieta, tenía una duda que no podía ocultar, finalmente le preguntó si había hablado. El no dijo nada y se acercó a la ventana. La noche seguía siendo noche de luna llena. A lo lejos, por la autopista, se veían los destellos de las luces de la policía. Se acercaban al barrio. En la calle todo estaba tranquilo. Nada presagiaba el desenlace. Cerró la ventana y se sentó en la cama a esperar. Encendió un cigarrillo. Viendo subir las volutas de humo se relajó. Al fin y al cabo, pronto todo estaría listo y finiquitado.

"Perra noche"



Cofrade Tamburete Kid

Sultán es un perro viejo. Ha visto de todo a lo largo de su vida. Siendo cachorro tuvo oportunidad de establecer un gran lazo de amistad con los miembros de la familia que lo adquirió en una tienda de animales de compañía. Fueron dos años de felicidad intensa, de compartir juegos con los más pequeños de aquella familia, y de una sólida relación con el varón adulto, una relación de amigos inseparables. Luego, pasó lo que pasó, el matrimonio decidió finalizar tal compromiso y su amigo marchó de allí con gran tristeza de todos. La mujer no tardó en desembarazarse de la presencia del mejor amigo de su exmarido. De hecho, nunca había compartido la idea de tener una mascota tan grande, ella se hubiera conformado con un hamster, pero un pastor belga…

Sultán pasó a ser pertenencia de una familia de trabajadores del mundo rural. De los juegos infantiles pasó a ejercer de vigilante experimentado en una granja dedicada a la cría de avestruces. Tampoco estuvo tan mal hasta que se le ocurrió detener a una de aquellas aves que se había escapado a fuerza de dentelladas. Al avestruz lo tuvieron que sacrificar y a él lo molieron a palos. De aquí pasó a ser propiedad de un payes del Pirineo, de una familia nómada originaria de la Europa del Este, y finalmente se convirtió en un vagabundo. Aprendió a buscarse el alimento con mil y un trucos y a esconderse de los humanos cuando se le acercaban.

Habían pasado siete años desde que su familia de adopción se desprendió de él, y durante ese tiempo había aprendido que la vida con los hombres no es mucho mejor que la vida entre los perros. Viejo por lo vivido y sabio por lo padecido, decidió no volver a vivir con humanos. Sin saber cómo, a base de deambular por aquí y por allá, fue a parar a la ciudad dónde transcurrieron sus primeros años de vida. Las ciudades no le gustaban, demasiado peligro y demasiado ruido, pero por otro lado resultaba fácil encontrar alimento hurgando en los contenedores de basuras. Sólo había que procurar no dejarse ver durante el día y salir bien entrada la noche, cuando las calles están solitarias y los contenedores rebosantes de desperdicios. En un callejón oscuro y desierto descubrió una pila de grandes bolsas de basura. Olía intensamente a comida y no dudó en empezar la búsqueda y registro. Aquella debía ser la parte trasera de algún supermercado. Se dio prisa y engulló todo lo que pudo. Si todavía no habían venido los encargados de recoger las basuras no tardarían mucho. Oyó ruido en la entrada del callejón e hizo el amago de salir corriendo, pero por alguna motivación instintiva, se ocultó entre las sombras. Tenía un espléndido trozo de pollo en la boca y mantenía el cuerpo en alerta. El olor le llegó antes que la visión del intruso. Lo reconoció en el acto y, sin dudarlo, dejó el trozo de pollo y se lanzó hacía él pleno de gozo. El otro iba visiblemente borracho y sólo atinó a ver una enorme mole de pelo negro que se le echaba encima. Cayeron los dos al suelo, el hombre abajo, el perro arriba. Sultán le lamía la cara compulsivamente. El hombre estaba aterrado, sacó su navaja del bolsillo y la clavó repetidamente en el costado del perro. Los terribles lamentos del animal llenaron la noche de dolor y espanto. El borracho se incorporó y salió corriendo.

Otro perro pasó por allí atraído por lo gemidos de Sultán, rodeó el cuerpo del herido y cogiendo el trozo de pollo del suelo se perdió en la oscuridad del callejón.

"Preludio de los espectadoes apólogos"



Por Cofrade Silla Jotera

Las minimalistas notas del ‘Preludio de los espectadores apólogos’ del gran Miroslav Bujandisnky flotaban por el aséptico módulo de conexión, al tiempo laboratorio.

Lacost de Choderlos también flotaba, lo hacía junto a la pequeña ventanilla por la que se podía observar la Tierra. La Tierra amarronada, gris, renegrida, arrugada, chuchurría... Desde la ISS la Tierra parecía una manzana en proceso de putrefacción. Putrefacción irreversible, bien lo sabía Lacost, que por algo le habían enviado allí arriba a estudiar el comportamiento de ciertos vegetales en condiciones de microgravedad. En la Tierra ya no crecía saludablemente ni un triste cacahuete.

Lacost paseó la mirada por el interior del módulo de conexión y laboratorio, y sonrió satisfecho del diseño, el orden, la luminosidad, la asepsia que reinaba en su hogar. A tal bienestar contribuía la sencilla pero profunda melodía del ‘Preludio de los espectadores apólogos’ y, sin duda, el esplendoroso laboratorio y vergel en el que se desarrollaban sus espectaculares pepinos, patatas, cebollas, zanahorias, tomates, rábanos, lechugas, espárragos, alcachofas, guisantes, garbanzos, judías, acelgas, pimientos, calabacines…

Admiraba su maravilloso huerto cuando el ordenador central le anunció la consuetudinaria conexión con el Centro de Control de la Tierra. Dijo… Siete horas quince minutos, conexión con el CCT. Luego el ordenador enmudeció y tras la habitual señal de fritanga espacial se escuchó la voz del controlador de turno del CCT. Buenos días desde el CCT, dijo este. Buenos tardes, respondió Lacost. Durante la conexión de hoy, continuó el controlador del CCT, debe usted reportarme los parámetros resultantes de los experimentos. No se a que se refiere, respondió Lacost. A las lechugas, razonó el controlador, ¿cómo van las lechugas? Fatal, las lechugas iban fatal, respondió Lacost, y no sólo las lechugas, las berenjenas, las remolachas, los rábanos… estaban fatal. Sin duda, finiquitó Lacost, este es el peor lugar para plantar nada.
Lástima, dijo el controlador del CCT, que se estropeara la cámara de registro de imágenes del módulo laboratorio, nos serían de gran ayuda para ampliar los datos que nos transmite. Si, apuntó Lacost, una lástima. Bueno, dijo el controlador del CCT, continúe con los experimentos, realizaremos una próxima conexión mañana a la misma hora, ¿necesita alguna cosa que le podamos enviar en la próxima nave de carga prevista para dentro de seis meses? La cerveza se me está acabando, respondió Lacost, y los comics. Tomo nota, concluyó el controlador del CCT, buena jornada y buena suerte. Hala, se despidió Lacost.

Volvió a mirar la Tierra. Volvió a mirar la ISS. Dios, comparada con la ISS la Tierra daba más miedo que pena. Allez la merde, susurró Lacost.Iban apañados ahí abajo si esperaban que regresara con su huertecico.

"Un enfado de dios padre"



Por Cofrade Silla Jotera

Ante sus constantes negativas, el padre Viriato se hartó y golpeó con la cruz y con furia la cabeza de Crispín. Y se la partió en dos como el que abre una nuez. Escondió el cuerpo del monaguillo en el armario de las túnicas y se dispuso a dar misa.

Durante la misa se hizo un pajote consolador a resguardo del altar. Luego, durante las confesiones, el padre Viriato se la hizo chupar por Amparín, la hija púber del alcalde, y por la señora Paquita, la ciega a la que había explicado que chupar cirios no era una desviación, sino el carril señalizado de la autopista directa al cielo salvador. De remate había enculado a la mujer del médico, y luego se había limpiado los trozos de mierda que le quedaron en la polla en el coño de doña Virtudes, la farmacéutica.

A la hora de la merienda el padre Viriato se acercó al Casino. El alcalde, el médico y el farmacéutico, que jugaban al guiñote en una mesa, invitaron al padre a acompañarlos, y este aceptó. Y qué, le inquirió el alcalde, como lleva la catequesis mi Amparito. Bien, hijo mío, es una chica muy aplicada, aunque por la edad que tiene conviene estar al tanto para alejarla de las tentaciones. Mi mujer, dijo el médico, está muy contenta con sus servicios evangélicos, dice que con usted la parroquia ha cobrado nueva vida. Ay, hijo, que ejemplo es tu mujer, que santa abnegación la suya… La mía si que está contenta, terció el farmacéutico, si hasta dice que ahora irá a ayudarle a la misa de maitines, ¿pero eso aún existe, padre? A quien madruga, hijo mío…

En esas entró en el Casino la señora Paquita y comenzó su habitual ronda de venta de cupones de la Once por las mesas. Cuando llegó a la de nuestros amigos, dijo La niña bonita, llevo la terminación de la niña bonita. Danos uno a cada uno, dijo el alcalde, hoy invito yo. Mientras repartía los cupones la ciega se dirigió al padre Viriato. ¿Ha visto a usted al Crispín, padre?, hace rato que terminó la misa y me ha dicho su madre que aún no ha vuelto a casa. Ay, hija, ese Crispín es un bicho de cuidado, figúrate que esta tarde no se ha presentado ni a dar la misa.

Y entonces entró Crispín en el Casino. Llevaba el crucifijo del padre Viriato clavado en el cráneo, o mejor en el mismísimo cerebro, porque el cráneo lo tenía partido en dos como una nuez. La sangre le chorreaba por todo el cuerpo, y una de sus arterias hasta parecía una fuentecilla. Y sin embargo allí estaba, caminando hacia la mesa de nuestros contertulios que, atónitos como todo el Casino, aguardaban el desenlace de aquel momento terrorífico.

Cuando Crispín llegó a la mesa dijo, Padre, no se enfade usted que ya se la chupo, y se desplomó.

LOS CUENTOS METAS

La selección de nuestros cuentos metafísicos tirando a despiporre.

"Quiero hablar con el responsable"



Por Cofrade Hama K

- Buenas tardes.
- Buenas tardes.
- Verá usted, ayer por la tarde vine a comprar esta tostadora...
- Ya.
- ... y se ha estropeado.
- Vaya.
- Bueno, la verdad es que ya venía estropeada, porque no he conseguido hacerme ni una triste tostada.
- Vaya.
- Pues usted dirá lo que hacemos.
- Usted sabrá.
- ¿Que yo sabré? Pues o me la cambia o me devuelve las ocho mil trescientas que me cobró.
- Pues no señor.
- Me parece que no le he entendido bien. ¿Me está diciendo usted que no?
- Sí señor.
- Sí señor ¿qué?
- Sí señor que no señor.
- Que no señor ¿qué?
- Que no señor, que no se la cambiamos, ni mucho menos le devolvemos el dinero.
- ¿Pero será posible tanta desfachatez?
- A mí no me falte usted que yo sólo soy el dependiente. Yo sólo empaqueto, cobro y devuelvo el cambio.
- Pues ya me dirá con quien coño tengo que hablar! A ver, ¿quién es aquí el responsable?
- El señor Manolo.
- ¿Dónde está el señor Manolo?
- Es aquel señor del bigote.
- ¿Señor Manolo?
- Dígame usted.
- Pues nada, que ayer vine a comprar esta tostadora estropeada y que hoy su dependiente no me la quiere cambiar.
- Y muy bien que hace.
- ¿Cómo que muy bien? Habrase visto el morro que se gastan en esta tienda...
- Mire usted, nosotros no tenemos la culpa de que usted se encaprichara de una tostadora estropeada. Haber comprado otra que funcionara.
- ¿Pero cómo coño iba yo a saber que estaba estropeada? Si ni siquiera me dejaron ustedes probarla...
- Sólo faltaría, pasarnos la jornada laboral tostando pan.
- Su obligación es vender tostadoras que funcionen.
- Nuestra obligación es vender las tostadoras que nos llegan, y cumplimos con ella perfectamente.
- ¿Ah sí? ¿Y quién se las envía?
- Pues quién va a ser, el fabricante de tostadoras.
- Pues ahora mismo me dice usted el nombre del responsable.
- ¿De la fábrica? El señor Bragulat.
- ¿Señor Bragulat?
- Dígame usted.
- Pues nada, que he comprado una tostadora estropeada fabricada por ustedes y no me la quieren cambiar.
- ¿Del modelo que va a ocho mil trescientas pesetas?
- Esa, esa es la que me compré.
- Ya, pues ese modelo es el que no funciona, sólo tiene finalidad decorativa.
- ¿Qué quiere decir con esto? ¿Que no tuesta?
- No señor, no tuesta nada. Es sólo para hacer bonito en la cocina, o donde quiera usted ponerla.
- ¿Y no van ustedes a cambiármela por otra que funcione?
- Si quiere usted se la cambiamos por otra del mismo modelo.
- Pero yo lo que quiero es una tostadora que tueste, pa poder desayunar café y tostadas recién hechas con mantequilla y mermelada cada mañana.
- Pues hágase el pan a la brasa y mientras tanto extasíese contemplando esta obra de arte que no tuesta pero que embellece sobremanera su cocina y confiere un toque de exquisitez a su hogar.
- Pero será posible... Dígame ahora mismo el nombre del responsable.
- ¿De qué responsable? Como no se refiera usted al señor Julibert, Presidente del Gremio de Fabricantes de Tostadoras...
- Vale, muchas gracias. ¿Señor Julibert?
- El mismo, sígame usted.
- Pues mire, que me he comprado una tostadora marca ACME, el modelo de ocho mil trescientas pesetas, y no funciona.
- Bueno, ¿y qué?
- Pues que quiero que me lo cambien o que me devuelvan las ocho mil trescientas.
- Creo que esto es imposible, caballero. Lo impide el artículo cuarto B de los estatutos del gremio: "No se devolverá el dinero al cliente bajo ningún concepto", y también el quinto A: "Jamás se atenderán las reclamaciones, porque el cliente no sabe lo que se dice".
- Esto es absolutamente injusto, y además intolerable!
- Mire, nosotros defendemos nuestros intereses, los de los fabricantes. Usted para nosotros es del otro bando, del de los consumidores. Es lógico que pasemos de usted, hable con la OCU, que es lo propio.
- Oiga ¿es la OCU?
- Sí señor, dígame usted.
- ¿Quién es aquí el responsable?
- ¿El responsable? Si quiere le pongo con el señor Papallonas, que es quien nos paga cada final de mes a los que curramos aquí.
- ¿Señor Papallonas?
- Dígame, dígame usted.
- Me he comprado una tostadora que no tuesta, que sólo hace bonito, y ahora no me la quieren cambiar, ni devolverme el dinero.
- ¿A quién de le ocurre? ¿Para qué se compra usted una tostadora que sólo hace bonito? Es usted un irresponsable que dilapida estúpidamente su dinero y que encima quiere hacernos perder el tiempo.
- No me haga usted cabrear más. Se supone que ustedes deben defender mis derechos, que los tengo, y uno de ellos es el derecho a comer cada mañana tostadas con mantequilla y mermelada.
- Usted los ha perdido todos al comprar una tostadora que sólo hace bonito. Lo lamento, pero no podemos ayudarle. Su propia estulticia se ha vuelto contra usted: deberá comprarse una tostadora que tueste.
- Yo ya he comprado una tostadora, creyendo que compraba un electrodoméstico, y ahora resulta que he comprado una escultura, una obra de arte que no tuesta una mierda pero que dignifica mi cocina y da prestigio a mi casa, una casa sin tostadas pero con mucho arte.
- ¿Lo ve usted? Quien no se consuela es porque no quiere...
- Qué consuelo ni qué leches... A ver, ¿quién es aquí el responsable?
- En la OCU no podemos hacer nada por usted, usted se lo ha buscado. Consulte con su abogado, o hable con el defensor del pueblo.
- ¿Cómo se llama?
- ¿Quién? ¿yo? Ya se lo he dicho, Ildegardo Papallonas.
- No, usted no, joer, el defensor del pueblo.
- Ah, pues es el señor Ismael Cunillons.
- ¿Señor Cunillons?
- El mismo, para servirle.
- ¿Es usted el responsable?
- Hombre, pues depende de para qué. Yo me responsabilizo de defender el legítimo derecho de todo ciudadano ante las putadas del gobierno.
- Verá usted, es que a mí me han vendido una tostadora que no tuesta y ahora nadie quiere saber nada.
- ¿Una tostadora? No sabía que ahora el gobierno vendiera tostadoras que no tuestan, esta putada es nueva.
- No, si no me la ha vendido el gobierno, me la ha vendido un dependiente de la tienda del señor Manolo, y ninguno de los dos quiere saber nada, y tampoco el fabricante, el señor Bragulat. He hablado con el señor Julibert, del gremio de fabricantes de tostadoras, y con el señor Papallonas, de la OCU, y me dicen que no tengo derechos, y que si una vez llegué a tenerlos, pues que los he perdido. ¿Podría decirme de una puta vez a quién puedo pedir responsabilidades?
- Oiga, a mí no me líe. Si la tostadora no se la ha vendido el Gobierno, yo no tengo nada que hacer.
- En todo caso, alguien habrá autorizado la venta de estas tostadoras fraudulentas que harán muy bonito sobre el mármol de la cocina pero que no tuestan un carajo, digo yo.
- Hombre, pues supongo que el fabricante tendrá la aprobación del Ministerio de Industria.
- ¿Y ahí quién es el responsable?
- Pues quién va a ser, el ministro.
- ¿Señor ministro?
- Pase usted, buen hombre, no se quede ahí parado. Me alegra y me dignifica su visita, que contribuye a acortar las distancias naturales entre la plebe y sus más altos mentores.
- Verá usted, señor ministro, mi intención no es hacerle perder el tiempo, pero sucede que en la tienda del Manolo me han vendido un electrodoméstico defectuoso y se niegan a atender mis reclamaciones.
- ¿Quién es el Manolo éste? Seguro que no ha presentado declaración de renta, seguro que no ha liquidado el impuesto de sociedades, seguro que que no paga el IAE, seguro que debe el IBI, seguro que es un traidor a la patria y un felón y a lo peor hasta un indocumentado. A ver, inspector, búsqueme un tal Manolo que tiene una tienda de electrodomésticos. Se va a enterar ese villano de lo que es el peso de la Justicia...
- Perdone, señor ministro, pero de lo mío qué.
- ¿Lo de usted? ¿Qué es lo de usted?
- Lo mío, lo de la tostadora que no tuesta.
- Bueno, yo sobre esto no puedo hacer nada. ¿Para qué quiere usted una tostadora que no tuesta?
- No, si no la quiero para nada, pero el caso es que la tengo.
- Bueno, pues mejor para usted, ¿no?
- Pues no, porque lo que yo quiero es que tueste.
- Pues mándela arreglar.
- No quieren arreglármela, ni cambiármela, ni siquiera devolverme el dinero...
- Pues cómprese otra, joer, y no me haga perder más tiempo.
- Pero señor ministro, esto es una injusticia, he perdido mi dinero invirtiendo en una tostadora que...
- Pues haber invertido en Bonos del Tesoro, que son valores seguros, vamos, segurísimos. Además a mí qué coño me explica, yo obedezco órdenes, sólo soy un mandao.
- ¿Usted un mandao? Bueno, vamos a ver. ¿Quién coño es aquí el responsable? Quiero hablar con alguien que sepa lo que es ser responsable.
- ¿Responsable? Aquí, cuando no sabemos de qué va una cosa, se la pasamos al gobierno, para que tomen la decisión oportuna. Y el responsable del gobierno es el señor Presidente, ése sí que sabe, de ser responsable.
- Buenas tardes, Señor Presidente. ¿Da usted su permiso?
- Buenas tardes. He permitido esta audiencia dadas las especiales circunstancias que rodean su contencioso, pero debo advertirle que mi tarea es ocuparme de los asuntos de todo el pueblo, y no de los de uno de sus miembros, siendo como es usted un representante no significativo, que además acude a mí para defender sus intereses personales, y ni siquiera en representación de un colectivo.
- Señor presidente, me siento estafado, burlado y escarniado. Me han vendido una tostadora que no tuesta y nadie quiere saber nada.
- Querido conciudadano, el libre albedrío es uno de los pilares que sostentan la armonía de nuestra sociedad, y así como usted es libre para comprarse una tostadora que no tuesta, el resto de ciudadanos de la nación es libre para desentenderse del asunto, en su obligación de respetar y no inmiscuirse en la vida privada del resto de los españoles.
- Pero si yo no quiero que nadie se inmiscuya en mi vida privada, sólo reivindico mi derecho a tostar pan en la intimidad de mi hogar, en una tostadora que sirva para tostar pan, y parece como si toda la nación se hubiera puesto de acuerdo para boicotear mis derechos inalienables, señor presidente.
- Querido súbdito, su libertad termina donde empieza la de los demás; su actitud es egoísta y peligrosa para el bienestar social, y sintiéndolo mucho, me veo en la obligación de encarcelarle a usted, a fin de evitar que sus ideas subversivas se expandan cancerígenamente por todo el tejido social. ¡Guardias! ¡Prendan a ese hombre inmediatamente!
- ¿Que me prendan? ¿Cómo que me prendan? ¡Yo sólo he venido a reivindicar mis derechos! Yo sólo quiero una tostadora que tueste! ¡Yo sólo pretendo desayunar café con tostadas cada mañana, y usted me quiere encarcelar! ¿Qué delito hay en ello? ¿Quién es el responsable de todo este caos? ¡Quiero hablar con él!
- Sólo hay un último responsable, querido amigo, y éste es Dios, el supremo hacedor. Hable usted con él, le reconfortará.
- Dios mío, soy Antonio, estoy en la cárcel, me han vendido una tostadora que no tuesta, na más que hace bonito, nadie quiere hacerme caso y encima me han encerrado. ¿Por qué tiene que pasarme esto a mí? Si yo sólo quería desayunar tostadas con mantequilla... ¿Has decidido poner a prueba mi fe? ¿Es acaso tu voluntad, un designio divino, un castigo por mi arrogancia? Envíame una señal, permíteme salir de aquí y haz que me cambien la tostadora, oh tú que eres el supremo responsable.
- Hijo mío, eres un gilipollas por comprar en la tienda del Manolo, y además un egoísta y un insolidario, y te importan un rábano los problemas del prójimo y el hambre en el tercer mundo. Por hacerme perder el tiempo, acabo de decidir que ha llegado tu hora, o sea que ya mismo te mueres y te vas de cabeza al infierno.
- Buenas, ¿es el infierno?
- Sí señor, pase, pase.
- Oiga, ¿quién es aquí el responsable?
- Bueno, a la gente nos la manda Dios, pero por aquí no viene. Aquí el que corta el bacalao es Lucifer, el demonio en persona, pero ahora no puede atenderle, porque está comiendo tostadas con mermelada y mantequilla.
- Y los condenados, ¿pueden también comer tostadas con mermelada y mantequilla?
- Me temo que no. ¿A usted por qué le han condenado?
- Es que verá, yo me compré una tostadora y...

"Meta meta"



Por Cofrade Hama K

Treinta y seis. Cierro los ojos, respiro profundamente, intento concentrarme. Pienso en un prado verde, un inmenso prado de lomas suaves que se pierde en la lejanía, salpicado aquí y allá de rojas amapolas, y por él camino, bajo un cielo azul en el que se funden holgazanas nubes de algodón de caprichosas formas. Me tumbo sobre la hierba, siento su frescor, su olor a tierra mojada, y dejo que invada mis sentidos mientras boca arriba observo las nubes, esa tiene forma de borreguito, esa semeja la cabeza de un león, mira cómo lentamente va cambiando, ahora parece un laúd, ahora una granada... Mientras, del bosquecillo cercano me llega el murmullo de un arroyo cuya agua cristalina ha de saciar mi sed. Me levanto, avanzo hacia el bosque, penetro en él, los rayos del sol se filtran entre las ramas de los sauces. En un recodo, el arroyuelo se recoge en caprichosos meandros, resultando un pequeño embalse natural que me invita al reposo. Agacho mi cabeza hasta rozar la superficie del agua con mis labios. Bebo calmadamente, saboreando cada trago para descubrir los sabores del bosque escondidos en cada gota, y luego me desnudo, me introduzco lentamente en el agua. Está fría, y su frescor es un bálsamo para mi ánimo, recobro mi vigor, sereno mi espíritu, dejo volar la imaginación, pienso en faunos que al son de sus pífanos hacen danzar unicornios, pienso en ninfas que con dulces, puras, frágiles voces entonan delicados cantos y hechizan humanos que ya nunca podrán regresar, y la magia del instante me captura en un momento de intensa felicidad. Entonces me corro.

Me corro y grito: treinta y siete. La saco. Viene el árbitro, inspecciona mi polla, inspecciona el coño de la hembra y dice: válido. Miles de gargantas rugen al unísono, el estadio se viene abajo. Abro los ojos. Miro el cronómetro en el panel gigante, marca ochenta minutos con veinticuatro segundos, veinticinco, veintiséis. Miro a la hembra en la que me acabo de correr, cómo rauda se levanta y es sustituida inmediatamente por otra, miro la hilera de las que esperan, con sus dorsales respectivos, hasta el cincuenta. Ya no quedan tantas. El anterior campeón lo consiguió en ciento veinte minutos, llevo buen promedio y le puedo batir. Examino mi polla. Tengo una rozadura debajo del glande, está empezando a dolerme, pero creo que podré resistir. La unto con una generosa dosis de vaselina y se la meto a la hembra con el dorsal treinta y ocho. Cierro los ojos, respiro profundamente y vuelvo a concentrarme. Esta vez estoy en el porche de una casa sureña, tocando un blues con mi vieja guitarra, sentado en una mecedora; empiezo a balancearme al son de la música...

"Los fisquitos"



Por Cofrade Sofá S

Diversos antropólogos dan a conocer sus análisis de una tribu del alto Amazonas, los Fisquitos, que ha desarrollado una cultura olfativa. Su idioma carece de sustantivos, las cosas y las personas son denominadas mediante descripciones de su olor característico. La mirada no regula sus relaciones personales, por ejemplo, la señal de acatamiento, de humillación, no consiste en bajar la mirada, en inclinar la cerviz, sino en ofrecer el ojete para ser olido. De la misma forma, el reconocimiento entre ellos no se da en la mirada franca y cara a cara, sino al aproximar cada uno la nariz al cuello del otro y olerse. También por ello, no sienten la necesidad de esconderse de los demás para realizar determinados actos tales como desnudarse, defecar, copular, etc., el tabú no lo sitúan en la mirada sino en el olfato, por ejemplo no debe olisquearse a una mujer que tiene la regla, ni a un moribundo.
Evidentemente, el ritual de apareamiento entre los Fisquitos tiene como fase preliminar olfatear las partes pudendas de la hembra, siempre que no tenga la menstruación. La aceptación por parte de la hembra se manifiesta husmeando la entrepierna del macho y lanzando rápidos lametones. Los antropólogos subrayan el estrecho parentesco entre el ritual de apareamiento y el de apaciguamiento o humillación anteriormente descrito.
Algunos antropólogos aventuran que la cultura de los Fisquitos no es exclusivamente ni quizá tampoco básicamente olfativa, sino también gustativa, pues los lametones, más allá del ritual de apareamiento, juegan un papel primordial en la expresión de los afectos. Así, lamerle a alguien las mejillas es una muestra de cariño, chupetear la palma de la mano suele acompañar a la demanda de un favor, y deslizar repetidas veces la lengua por la planta del pie derecho de alguien es signo de respeto y reconocimiento de su rango. En este sentido, estos antropólogos sostienen que los Fisquitos en lugar de usar el gesto y la mirada como mecanismos de identificación y aproximación, basan sus relaciones sociales en el olfato y el gusto, lo que provoca la necesidad de una mayor proximidad entre ellos, mientras que el gesto y la mirada establecen una distancia insalvable entre nosotros. A esta mayor cohesión grupal se suele atribuir su capacidad de sobrevivir en un medio tan hostil como la selva, así como su alejamiento de otras tribus de indígenas y por supuesto de nuestra civilización.
Al parecer, los Fisquitos han constituido un mundo cerrado en si mismo, sin relación con nadie y que fueron descubiertos hace pocos años por pura casualidad, al observar desde una avioneta una columna de humo donde se suponía que no debía haber nadie. Acerca de su origen se han barajado las más variadas hipótesis, algunos los han relacionado con algún grupo perdido de la tribu de los Encabellados, mientras que otros los emparientan con los Cholones por la semejanza de sus danzas, y aún hay quien afirma que son los supervivientes de la tribu perdida de los Napeanos.
Otros aspectos de la vida de los Fisquitos son objeto de estudios actuales por parte de los antropólogos. Los investigadores señalan que el incesto se ha reducido entre los Fisquitos a su mínima expresión, al hombre solo le esta prohibido emparejarse con las hijas que halla tenido con sus hermanas y a la mujer, con los hijos que halla tenido con sus hermanos. Se apunta a la necesidad de reproducirse entre ellos como la causa probable de un incesto tan exiguo. En cuanto a sus creencias, está claro que entierran a sus muertos, lo que parece indicar que creen en otra vida y en algún tipo de animismo en el que tiene un papel destacado un gran espíritu al que describen como Todo-lo-huele-y-no-podemos-oler. Se ha especulado con que esta descripción es lo más parecido que tienen a un sustantivo. Por lo demás, se desconocen aún otros aspectos de sus costumbres sexuales o de su credo religioso.

"Apocalipsis publicitario"



Por Cofrade Sofá S

Dios dispuso que el mundo se tenía que acabar próximamente. Así pues, el Señor envió sus emisarios a la tierra para advertir a los humanos que se debían preparar para tan magno acontecimiento.
La primera vez que sonaron las trompetas todo el mundo miró hacia arriba, porque de allí procedía el vibrante sonido preludio de un inminente anuncio. Y efectivamente, se abrieron las negras nubes que encapotaban el cielo y suspendido en el aire estaba escrito “PREPARAOS, SE ACERCA EL FIN”, en una preciosa letra redondilla con su coma y todo.
Rápidamente se iniciaron diversas discusiones. Todos daban por sentado que se trataba de una campaña publicitaria y la mayoría debatía con encono acerca de que firma comercial se escondía tras la enigmática frase, incluso empezaron a cruzarse apuestas. Otros, la minoría intelectual, desdeñaban tratar de adivinar el nombre del anunciante, decían que esto era hacerle el juego a la manipuladora publicidad, ellos analizaban la forma de las campañas independientemente de los contenidos. Para algunos de ellos, este tipo de campañas eran obsoletas, el público ya estaba demasiado acostumbrado para sorprenderse, por el contrario, para otros intelectuales la formula era inagotable, solo había que dar con la frase adecuada para seducir a las masas. Por último, los diseñadores gráficos mantenían una agria controversia sobre el uso convencional de la letra redondilla frente a la creatividad que se plasma al usar una grafía diferente para cada letra, aunque el letrero resultante sea indescifrable.
Dios, paradójicamente incrédulo frente a las reacciones que había provocado su proclama, decidió repetirla cada hora, a ver si así se enteraban. Pero a cada trompetazo, menos gente miraba hacia lo alto. Un grupo ecologista preparaba una denuncia contra aún no sabía quien por contaminación acústica. Los que estaban haciendo su agosto eran las casas de apuestas, especialmente las que operaban a través de internet. Las apuestas se inclinaban mayoritariamente por Ikea, Eroski, Lidl, Aki y otras grandes superficies comerciales y muy pocos apostaban por la Caixa y otras entidades bancarias, se consideraba que el mensaje no invitaba ni la inversión ni el ahorro.
¡Qué demonios les pasa a los humanos! pensó Dios, tendré que recurrir a signos más contundentes, ¡qué llueva sangre! ordenó el Señor. Entonces resonaron con más brío las trompetas, se abrieron las ahora enrojecidas nubes y en el cielo pudo leerse “FIJAOS EN LA SEÑAL, SE ACERCA EL FIN”, naturalmente en letra redondilla y con su coma y todo. Después las enrojecidas nubes descargaron su sanguinolenta carga. Los meteorólogos informaron, que en ocasiones grandes cantidades de polvo sahariano es transportado por el viento junto a las nubes, produciéndose la impresión que llueve sangre. Lo único extraño en este caso era que había sucedido a escala planetaria, agregaban los meteorólogos. En general, esta explicación pareció plausible pero no convincente, y la mayoría de la población concluyó que el nuevo suceso formaba parte de la campaña publicitaria y que esta vez se habían pasado, eso lo pensaron sobre todo los que tenían ropa tendida. Por lo demás siguieron apostando, solo que Ikea y otras grandes superficies perdían fuelle frente a Tampax, Evax y otros fabricantes de compresas y tampones, se suponía que la sangre era una pista segura. Los intelectuales se enzarzaron en una árida polémica sobre si había aparecido una nueva formula publicitaria o no, y los diseñadores gráficos continuaron su eterna disputa sobre la grafía.
Una conocida marca de detergente, Dixan, aprovechó la ocasión, propiciada por la sangrienta lluvia, para hacer por doquier demostraciones en vivo y en directo de la eficacia de su nueva gama de productos con cualquier tipo de manchas. Las grabaciones de estas demostraciones se emitieron como anuncios y en ellos el presentador decía, que Dixan no solo lava más blanco sino que acaba con todas las manchas sin importar cual sea su origen. “SE ACERCA EL FIN DE LAS MANCHAS” rezaba su eslogan. Inevitablemente se generó la sospecha de que Dixan era la promotora de los celestiales anuncios y, a pesar de que la empresa de productos de limpieza nunca lo reconoció abiertamente, las casas de apuestas dieron por ganadores a los que habían apostado por la conocida marca de detergente.
Al observar estas reacciones, la autoestima de Dios se resintió, una lagrima se le escapó del ojo que ocupa el centro del triangulo, se compadeció de si mismo y por un instante dudó de su omnipotencia. Fue solo un momento de nada, no llegó ni a un microsegundo, pero fue suficiente para mandarle al cementerio de los dioses, ese que queda a la izquierda una vez has dejado a tu espalda el monte Olimpo. Allí se encontró al lujurioso Zeus, a Ishtar, otrora poderosa diosa del amor y de la guerra, al cojo Tezcatlipoca, a Osiris convenientemente momificado, a la prudente y virginal Atenea, y a Viracocha que aún suspira por su antigua morada en el lago Titicaca, entre otros muchos dioses y diosas que también habían caído en el olvido de los humanos.

"Carnaval"



Por Cofrade Tamburete Kid

Hacía diez años que no asistía a una fiesta de carnaval. Exactamente, desde que murió mi esposa Enriqueta a causa de un cóctel de marisco en mal estado, dios la tenga en su gloria. Quiero aclarar que, aunque en aquella fatal ocasión, casi todos los asistentes a la fiesta sucumbieron a la intoxicación, sólo mi adorable Enriqueta lo hizo de manera fulminante. Según el parte del médico forense que la examinó, fue víctima de una mutación bacteriana que le desarmó el sistema inmunológico, dejándola en la mayor de las indefensiones. Lo peor de todo es que a Enriqueta nunca le atrajo el marisco y si lo probó en aquella ocasión fue por quedar bien con Electra, anfitriona de la fiesta y su mejor amiga.

Diez años de vivir en soledad, aferrado a un puñado de recuerdos, a cierta edad, multiplica el paso del tiempo por dos. Así me contemplé en el espejo antes de aplicarme la pintura en la cara. Sé que soy un tradicional de excesos románticos, por lo que está de más argumentar porqué decidí disfrazarme nuevamente de Pierrot, el mismo disfraz que llevaba el día fatídico diez años atrás.

La noche era fría. Desde la ventana del taxi que me conducía a la fiesta, pude comprobar que el Carnaval seguía moviendo a la gente, atraída quizás por un impulso primigenio. Una vez en la fiesta, me reencontré con viejas caras conocidas. Amigos pasados a los que fui reconociendo por leves y simples detalles entre tanto disfraz y tiempo acumulado. Pude comprobar que la cena consistía en amplio pica- pica a base de fiambres, y una abundante selección de dulces y frutos secos. Para mi desazón también había cóctel de marisco. La casa era un antiguo palacete situado a las afueras de la ciudad. El ambiente era animado, la mayoría de los asistentes charlaban en pequeños corrillos, otros daban cuenta del buffet y los más entonados bailaban al compás de ritmos caribeños y otros por el estilo. Fuera de lugar y tiempo, no acababa de encontrar mi sitio, por lo que me dediqué a deambular, recorriendo las amplias estancias de aquel caserón. En aquella ocasión, calculé que podían estar reunidas en torno a unas doscientas personas. Si a la cantidad le sumamos el hecho de que todas fueran disfrazadas, el recorrido se convertía en una pequeña exploración no exenta de tintes vouyeristas. El paso de los años no había cambiado el espíritu del carnaval, y mucho menos la falta de originalidad de los disfraces, el mío incluido. Al contrario, se repetían año tras año, payasos, vikingos, árabes, hombres con largos vestidos de satén, mujeres con smoking, pelucas, máscaras, antifaces y como no, la gatita inquieta y el demonio burlón. En un rincón desde el que partía una amplia escalera que conducía a los pisos superiores, descubrí a una mujer disfrazada de odalisca, y cuya sensualidad se desprendía a su alrededor como un perfume. Me detuve a un par de metros escasos de donde ella se hallaba, con la intención de poder observarla con más detalle. Permanecía como ausente, con el rostro tapado con un velo que sólo dejaba al descubierto sus ojos, unos enormes ojos pardos y velados. El pelo, que a mí me pareció natural, era de un negro azabache y caía en cascada sobre sus hombros y espalda. Vista así resultaba muy hermosa. Supongo que mi observación no fue tan discreta como pretendía y volvió su mirada hacía mi persona con un movimiento rápido y atrevido. Me dejó fulminado. Luego sonrió y me saludó con un movimiento de cabeza al que yo correspondí. En un acto compulsivo me sentí arrastrado hacia ella. Nos presentamos sin dar nuestros verdaderos nombres y congeniamos enseguida. Para mi sorpresa, el trato, desde las primeras palabras, era fluido como si lleváramos años haciéndolo. En un momento, que no logro recordar, nos “despegamos” de aquel rincón y fuimos de habitación en habitación, entre bromas y risas. No sé cuando nos cogimos de la mano, mucho menos cuando nos metimos en aquel cuarto, pero recuerdo perfectamente la tensura de su cuerpo y al calor húmedo de su intimidad. En aquella habitación, a oscuras, sobre el suelo, volví a sentir el deseo que creía tener olvidado.

Después de habernos vaciado mutuamente, permanecimos uno junto al otro, abrazados, sin pronunciar palabra alguna. Luego, ella se incorporó y poniéndome un dedo en los labios, pronunció mi nombre y se fue. No tuve tiempo de reacción. Mi nombre, ¿yo no le había dicho mi nombre? Tras recomponerme la ropa, bajé de nuevo al salón principal. La busqué con la mirada, entre toda aquella farsa. La fiesta estaba ahora en su momento más álgido, todos bailaban, algunos se refregaban y otros se manoseaban descaradamente. A estas alturas las habitaciones estarían saturadas de cuerpos fogosos y viciados. Pensé en abandonar la fiesta, y en ello estaba, cuando reparé en que mi bella odalisca se encontraba frente al buffete, dispuesta a degustar un plato de aquel fatídico cóctel de marisco.

Salí disparado hacia ella, con la intención de impedir que llegara a comer de aquel plato, pero fue tanta la precipitación que tropecé y caí en medio de la improvisada pista de baile. Todo se me hace borroso cuando intento evocar aquel momento. Pero lo único que recuerdo es mi imposibilidad para levantarme del suelo, ahora mojado y resbaladizo, y todas aquellas caras y máscaras desfiguradas, igual que fantoches, entorno a mí, mirándome y riendo. Risas obscenas, entre las que destacaba la de mi adorable odalisca con la boca rebosante de aquel horrible cóctel de marisco cayéndole por las comisuras de los labios en una mueca grotesca. Se había quitado el velo y pude distinguir el amarillo de sus dientes en aquella boca, putrefacta y desfigurada por alguna enfermedad, antes de incorporarme y salir huyendo de allí. Aún hoy resuenan en mi mente todas aquellas risas, especialmente la suya. Según mi psicólogo todo es producto de un fuerte stres emocional. Pero yo sé que no y ella también lo sabe. Pueden estar seguros.

"Las manos"



Por Cofrade Tamburete Kid

Apenas sentía dolor. Los calmantes estaban haciendo su efecto. Ahora se encontraba medio adormecido, como en un mundo de brumas. Se llevó la mano a la cara y comprobó que la tenía vendada, especialmente los ojos. No podía recordar lo sucedido. Tenía la imagen de las luces del otro vehículo acercándose a gran velocidad. Luego, fragmentos desordenados, pequeñas imágenes, de luces y personas, luces rojas intermitentes, las luces blancas del techo del hospital, de personas desconocidas, la cara de un camillero, el blanco de su uniforme… Y dolor, mucho dolor, por todo el cuerpo, pero sobre todo en la espalda y en la cara. Se durmió, se despertó y se volvió a dormir. Los recuerdos de lo vivido se mezclaban con lo soñado. Notó una mano sobre la frente. Era una mano fría y distante, de hombre, dedujo por la voz que sonó en el aire. Otra vez el sueño, los sueños. Alguien le arregló la ropa, las sábanas, eran unas manos fuertes, enérgicas, unas manos que se detuvieron en su pelo y le apartaron los mechones de la frente. Eran manos de mujer, olían a ropa limpia, a desinfectante, eran manos de enfermera, un profundo silencio dominaba la estancia, debía ser de noche. Sí, aquellas manos eran de la enfermera de noche. ¿Cuánto tiempo llevaba allí, en aquel estado?
Y aquel sopor, de nuevo el sueño, los sueños, la nada… Le despertó una voz lastimera. No tardó en reconocer aquellos lloros, eran de Marta, su prometida. Quiso decirle que no llorara, que él estaba bien, sólo un poco dormido, pero las palabras no llegaban a los labios, desaparecían antes de llegar a la garganta, en algún lugar de su mente, entre las brumas. Luego el olor de las manos de Marta acariciándole el brazo. Conocía el tacto ligeramente húmedo y delicado de su novia. Le confortó, y la sensación le recorrió el brazo hasta llegar a la nuca. Se volvió a dormir. Cada vez eran más cortos los espacios en los que se encontraba consciente. La mayor parte del tiempo todo era permanecer en un espacio intermedio, un limbo de los sentidos. Vio pasar fragmentos de su vida, y a si mismo viéndolos pasar. Se vio sobre la cama en la habitación del hospital, como si él estuviera tumbado en el techo. Esta vez notó unas manos que le acariciaban la frente, los dedos entreteniéndose, enredándose en su flequillo. Supo que aquellas manos eran las manos de su madre. El olor de aquellas manos le inundó hasta cubrirle por completo. Por un momento recordó el día que enterraron a su madre y cuanto la había echado de menos. Sabía que esta vez no estaba despierto. Nunca más. Luego vio una luz blanca y brillante. Murió a las cinco de la mañana. A la misma hora que lo hizo su madre tres años antes.

"Cuidado con lo que sueñas"



Por Cofrade Tamburete Kid

Ernesto Godoy era un hombre muy suyo. Desde siempre.
Por eso, cuando aquella mañana del quince de abril salió de su casa para ir al trabajo, no hizo caso ni prestó la más mínima atención al grupo de personas que se había formado frente a la parada del autobús. Lo que sea no va conmigo, se dijo para si, como se decía siempre.

Cuando llegó el autobús, se subió y se acomodó en el interior. En un semáforo en rojo para el autobús, Ernesto fue testigo privilegiado de cómo una ambulancia se pasaba el semáforo, y de cómo una moto, y por ende su motorista, colisionaban contra la ambulancia y esta a su vez ligeramente contra el autobús. El motorista por el aire sobrepasando la ambulancia. Pero esas cosas pasan cada día, pensaba Ernesto. El resto de ocupantes del autobús se habían acercado a las ventanillas, algunos llegaron a bajar para ayudar en lo posible, el conductor entre ellos. Finalmente bajaron todos menos Ernesto. El semáforo se puso verde y Ernesto indicó al conductor que subiera y se pusiera en marcha, del accidente ya se ocuparían los profesionales. Como nadie le hacía caso, Ernesto se sentó en el lugar del conductor y arrancó el autobús. Al llegar a una curva entró en una ancha avenida solitaria. Condujo hasta que topó con un alto muro que cortaba el paso. Descendió del autobús. Tras él la avenida se perdía en el horizonte. A su alrededor sólo desierto. Nada más, ni un solo ruido. Sintió un profundo dolor en el pecho y se desplomó. Cuando se despertó, lo primero que vio fueron las caras de algunas personas que le preguntaban cómo se encontraba. Una mujer joven le hablaba calmadamente y le decía que pronto llegaría la ambulancia. Perdió la noción de las cosas. Abrió los ojos y descubrió que estaba en el interior de una ambulancia. Un enfermero le estaba aplicando algo en el brazo. Se escuchó un fuerte frenazo y una colisión sacudió el interior de la ambulancia. Todo se volvió negro.

Luego volvió la luz y Ernesto se incorporó. Pasó por encima del enfermero que estaba inconsciente y sangrando por la cabeza. Abrió la portezuela de la ambulancia y salió al exterior. Un motorista yacía tendido en el suelo, hecho un ovillo. Un grupo de personas atendían al motorista por un lado y al conductor de la ambulancia por otro. Este último se hallaba recostado en un lateral de la ambulancia. Ernesto, movido por un impulso muy suyo se subió a un autobús que se hallaba parado junto a la ambulancia. Estaba vacío y se sentó en el lugar del conductor, arrancó y condujo por una ancha avenida solitaria. Llegó frente a un alto muro y se detuvo. A su alrededor sólo desierto. Sintió un profundo dolor en la cabeza y todo se hizo oscuro.

Ernesto se despertó sudando aquella mañana del quince de abril. Tenía mal sabor de boca. No recordaba el sueño en sí, pero seguro que no había sido agradable. Tras asearse y vestirse cogió el casco de la moto y se dirigió al garaje. Al salir del mismo y al pasar por delante de la parada del autobús, vio un grupo de personas alrededor de alguien que yacía en el suelo. Siguió su camino y al llegar a un semáforo, en verde para él, no se percató de la ambulancia que venía por la derecha. Voló por los aires. El impacto en el suelo fue terrible. Apenas podía abrir los ojos cuando los ocupantes del autobús lo rodeaban e intentaban ayudarle. Murió en cuestión de minutos.

Aquella mañana del quince de abril, a resultas de una colisión entre una moto y una ambulancia, fallecieron el motorista y el ocupante de la ambulancia, un hombre al que le había dado un infarto en la parada del autobús. A Ernesto Godoy lo encontró su asistenta aquella misma mañana muerto en su cama. La causa según el forense: muerte cerebral en el transcurso del sueño.

"Meta un gol"



Por Cofrade Silla Jotera

Smith, nuestro portero, comienza la jugada con un saque en corto, de esos que tan bien le salen armando su portentoso y al tiempo sensible brazo, para dejar el balón en los pies de Chisandreli, nuestro defensa central. Este siempre continúa la jugada precisamente así, jugando el balón, bien clarito se lo tiene explicado el Mister: Chisandreli, nada de balones largos a la olla, Chisandreli, hay que jugar el balón, Chisandreli, jugar el balón, Chisandreli, jugar el balón. Yo creo que Chisandreli ya tiene la frasecita grabada en su cabezón de cabrero siciliano. Y eso hace Chisandreli, juega el balón, se adentra en la medular del contrario jugando el balón, venga jugar el balón, hasta que lo pierde el muy capullo. Chisandreliiiiiiiii, grita entonces el Mister desde el banquillo, a jugarlo pero sin perderlo, coño.

Menos mal de Ngono, nuestro medio de arrastre, que siempre está ahí para interceptar los pases en diagonal del contrario, impidiéndoles usar sus pasillos de seguridad, que dice el Mister. Ngono, le dice el Mister, usted olvídese de correr por la sabana y se me concentra en los pasillos de seguridad. Eso le dice a Ngono, que no se entera de nada porque no tiene ni puta idea de español. Por eso siempre está sonriente, que parece que esté en una nube africana el muy cabrón, eso si, al acecho como un león, y este a la que roba la bola si que, visto y no visto, ya se la ha pasado a Javierín, nuestro medio campo.

Nuestro medio campo es cosa a parte. Chico de la casa desde los seis añitos ha mamado tanto club que es un crío y parece un veterano hasta al lado del Presidente. ¿Y como juega?, pues como en el patio del cole. Una vez jugábamos contra unos daneses y el tipo que le marcaba era como cinco vikingos, una pinta. Cuidado con este que se te querrá comer, le dije al Javierín. Pues me miró con esa cara de pillo que tiene y me dice: tranquis, que este después de marcarme será otro hombre. Joder la que le lió el Javierín al vikingo. El pavo medía más de dos metros y cuando terminó el partido era como si no estuviera en el campo, de lo pequeñito que parecía. Y es que el Javierín te hipnotiza, se cose la bola al pie y empieza un toquecito por aquí, ahora una media vuelta para allá, un saltito, ahora para aquí, ahora pallá, media vuelta… Y que no hay manera de meter el pie, lo pequeñillo que es y como cubre la bola el tío. Y hala, a la que el contrario se da cuenta ya está el Javierín al borde de su área, y jugando bola.

Y en el borde del área contraria, esperando al Javierín (o a su pase, que es que este chico hace siempre lo que menos te esperas pero que mejor resulta), en el borde del área está nuestro increíble Rigoberto, Rigoberto O’Bolas, el Príncipe de Maracaná, un retaco barrigón que coge la bola y zas, gol. Si, coge la bola y zas, gol. Zas, gol. Eso si, para que coja la bola hay que ponérsela al pie, al pie izquierdo, en la parte exterior de su pie izquierdo, en la puntera de la parte exterior izquierda de su bota, y siempre llegando la bola en diagonal y por su izquierda. Si no, el tío no la coge. Que no la coge, ea, ya sea un amistoso contra el Palau Tordera ya sea la final de la Copa de Europa, el tío no la coge. ¿Y que le dice el Mister? Nada, que le va a decir a Rigoberto O’Bola, el Príncipe de Maracaná. Nos lo dice a nosotros: ustedes le pasan la pelota al señor Rigoberto a la puntera de la parte exterior izquierda de la bota de su pie izquierdo, en diagonal y por su izquierda, a ver si la coge y zas, gol.

¿Qué no la coge? Ahí está Günter ‘el Pistones’ entrando por la diagonal del área como una locomotora de hierro alsaciano, arrasando el frente de la defensa contraria como el que arrasa una nevera llena de apetitosas salchichas bratswurg y jarras de cerveza bien rubia. Este a veces además de meter la bola en la portería se mete a él con tres o cuatro contrarios que se trae arrastrando desde la banda, a veces hasta colgando de sus calzoncillos. Una fiera. Cuando está entonado, o sea, cuando está en su punto exacto de cervezas, como se halla tomado una de más o una de menos ya la hemos liado, porque o se pega con el linier o todo el rato anda arrodillándose y llorando los continuos fallos. Su punto son siete jarras, ni una más ni una menos.

¿Que Günter se ha tomado una jarra de más?, ¿que el señor Rigoberto O’Bola no la coge?, ¿que a Javierín se le nubla la mente?, ¿que Ngono se distrae con la sabana?, ¿que Chisandreli la juega y la pierde?, ¿que Smith tiene el día del brazo tonto (que los tiene)? No pasa nada. No pasa nada. Ahí estoy yo. Yo soy el que se levanta y superando todos los obstáculos apaga la tele. Soy el del sofá.

"El fin del ultimo libro"



Por Cofrade Silla Jotera

Y entonces callo Praga. ¿Que habia bibliotecas?, fueron saqueadas, ¿que habia bibliotecarios? torturados y occisos, ¿habia archiveras?, habia. Y con los encargados del manejo de los archivos microfilmados se hicieron pedacitos, que se archivaron, y posteriormente ardieron en la gran pira que se alzo en el centro de Praga para celebrar el fin de la tirania. A tomar por culo los libros, coño. Y caida Praga ¿que quedaba?, nada, ni una biblioteca, ni un libro, ni una frase, ni una palabra, ni una letra, ni un acento.

Putos acentos, por fin les he dao pol culo, penso Pepe Vlanco, ni un puto acento mas, se acabo. Vale que queda la China, pensaba Pepe Vlanco, con sus letras rarisimas, incomprensibles, o secretas, pero bueno: no usan acentos.

Llamaron a la puerta.
Palante, dijo Pepe Vlanco, y el capitan Michel Yon entro en el Gran Salon Personal Portatil del Bos General. Bos General, dijo el capitan, pido su permiso para que pasen a la accion inmediatamente nuestras tropas especiales. ¿Y eso?, se extraño Pepe Vlanco, si toda Praga estaba vencida ¿para que necesitaban ahora a sus valientes escuadrones de superanalfabetos? Resistencia mai Bos, dijo el capitan, encontramos mas de la que esperabamos, estos mierdas hacian libros hasta con sopa, sopa de letras la llaman. Me cago en la Copa de Uropa grito Pepe Vlanco, que comenzo a dar vueltas por el Gran Salon pegando furiosos patadones al Gran Balon, una pelota dorada que llevaba atada a un tobillo mediante una fina y tambien dorada cuerdecilla elastica. ¡No quiero que quede ni un libro, y es muy facil: se cogen los putos libros y se queman, lo vi en una peli, y no hay mas, a tomar por culo libros y al que le gusten que se joda, y si no se jode lo quemamos tambien, y punto!
Eso hacemos mai Bos, respondio con alegria el capitan, y si soltamos ahora nuestras tropas de analfabetos orgullosos y bien armados, es que no queda ni la ultima ene del ultimo libro. ¿La ultima ene?, pregunto Pepe Vlanco a su mejor capitan mientras un desafortunado rebote del Gran Balon le coloreaba una mejilla. La ene de FIN, dijo el capitan adelantando un poquito los hombros. Ah, esa... murmuro Pepe Vlanco mientras rajaba el Gran Balon con su Gran Espada. Claro, claro, esa ene, que cabrona, la mas cabrona, claro, la ultima... Japuta, murmuro el capitan.

No quiero que quede ni una, quiero que deis con el ultimo libro y machaqueis bien machacada esa ultima ene, que no quede ni... ni... Ni jota, aventuro el capitan. Mucho sabes tu de letras, advirtio de pronto el Bos General, que si enes que si jotas... No se, me parece que voy a prohibir que se utilicen las letras asi, por separado y al tuntun, la ene, la ele, la... la onu, la... bueno todas, no te joe... Bien hecho, asintio el capitan, pero ¿sacamos o no sacamos las tropas especiales? Ya lo creo, ordeno Pepe Vlanco, y que me preparen el Bugatti más guapo que tengo, quiero eliminar esa ultima ene con mis propias zarpas, ya lo creo, ya lo creo... la ultima ene, la...

Algun mal pensamiento detuvo entonces el espadachin apuñalamiento al que sometia Pepe Vlanco al cuero especial del antes flamante Gran Balon. Oye, dijo Pepe Vlanco, ¿estas seguro que todos los libros tienen FIN? Coño, exhalo el capitan, no tengo ni puta idea.

"Las hermanas Ontogeny & Philogeny"



Por Cofrade Silla Jotera

Las hermanas Ontogeny y Phylogeny vivían en una preciosa casa de campo allá por los campos lejanos de los confines de aquella tierra salvaje, inhóspita, en la que el pionero padre de las muchachas decidió construir una granja para primero explotarla y después morir y que le enterraran bajo el olmo gordo de tras la granja, allá junto al arroyuelo Parkinson.

Las hermanas Ontogeny y Phylogeny crecieron en un ambiente de legumbres, vacas, indios, y osos. Bajo los cuidados del pionero (desde la muerte de Mo Mary-Ann a causa de la septicemia que le causó una cornada de Wichita, la puta vaca a la que se comieron al día siguiente casi cruda) las chicas se convirtieron en dos aguerridos leñadores capaces de conducir una manada de cuernilargos con la mirada.

Ontogeny era calmada y tímida, retraída. Y Phylogeny era nerviosilla y alegre, expansiva. Los indios del lugar, hartos finalmente de sus palizas y burlas, les cogieron cariño, y hasta los cocodrilos del arroyuelo Parkinson venían a comer de sus manos. Los jaguares les huían, y los osos, aunque al principio quisieron comérselas al final se postraban ante ellas cuando se internaban en lo más profundo del bosque con intención de asaltar algún panel de abejorros salvajes y hacerse con su miel aunque fuera a mamporrazos.

Un día pasó por allí El Picha, un bandolero gitano y de Sevilla que engañado por un compadre se embarcó para Cuba y ya en Cuba se dejó embaucar por otro compadre y terminó en lo más profundo de la Columbia Británica. Durante un tiempo se dedicó al despiste y el estraperlo en las pocas ciudades de la zona, puebluchos para mineros y tramperos con un mal perder de cuidado, a los que timaba en las timbas que se celebraban en las habitaciones de los saloones y hoteles, sitios que más que acoger aterrorizaban, o si se quiere te acogían como una tumba.

Un día, a causa de asuntos mayores y de unos desacuerdos menores con ciertos matones de Williams Lake, y sobre todo a causa de que un compadre le timó, decidió alejarse de la compañía de los humanos, y adentrarse en las inquietantes y parecía que interminables montañas. Aprendió a cazar, a asar venados y serpientes, a curtir sus pieles para hacerse mocasines y gorrillos, a sobrevivir comiendo raíces y derritiendo hielo, se dejó barba, se hizo amigo de otros tramperos y del oso Yogui…

Y un día El Picha, con su barba, su zamarra, su gorrillo, y su escopeta, pasó por allí, atravesando el arroyuelo Parkinson, junto a la casa de campo de las hermanas Ontogeny y Phylogeny. Al verlo estas, lo primero que pensaron es que era un oso despistado, cuando vieron que era un hombre despistado se preocuparon. Ontogeny quería agarrar el rifle y descabezarlo certeramente. Phylogeny quería coger el hacha y dar cuenta de él. A la que se dieron cuenta El Picha estaba, con su barba, su zamarra, su gorrillo, y su escopeta, llamando a la puerta.

El Picha se dedicaba ahora a predicar la Palabra de Dios por las montañas. Con su verborrea y su buena planta no tardó en conquistar primero la hospitalidad de las hermanas, después su corazón, y finalmente su alma. Pasaron los años, y la felicidad reinaba en la casa de campo que un día levantara el pionero, El Picha se avenía con las vacas y con los indios (que parecían entender la Palabra de Dios), y las dos hermanas se avenían con El Picha y por interposición puede que con Dios. La cuestión es que pasaron más años y dos criaturas varones engrosaron el primer padrón municipal del lugar. Les llamaron Ontogenio y Filogenio, en castellano, el idioma natural de El Picha.

Y este fue el origen y así queda para la historia, que dirían Ontogeny y Phylogeny.

LOS CUENTOS CONTADOS

Una selección de cuentos que ya otros contaron, pero nos apeteció
corregir y mejorar hasta la excelencia, tóntamente hablando.

"La vuelta al día en 80 mundos"



Por Cofrade Hama K

“Existen otros mundos, pero están en éste. Algunos tienen nombre, incluso habitantes. Algunos son felices, otros no, que ya se sabe que en todas partes hay problemas. En contra de lo que opinan y defienden algunos de ustedes, es posible visitarlos, y así me propongo hacerlo, aceptando el desafío arrojado por algunos colegas de esta Liga Secreta, que hablan del hermetismo y la impenetrabilidad de estos mundos, así como de la imposibilidad de describirlos. Por lo que en un tiempo no superior a las veinticuatro horas o mil cuatrocientos cuarenta minutos me propongo proceder a la visita y descripción de, en números exactos, ochenta de estos mundos, utilizando como único medio de transporte los trances inducidos por las pastillitas del Doctor Leary, siendo así consecuente con su admonitorio slogan Viaje sin salir de casa”.

“El primer mundo se llama López y es un tanto redondo; lo habitan exclusivamente dos clases de hongos, que son de distintos colores y se discriminan con obstinación. Crecen bajo la lluvia ácida y no cabe plantearse si son comestibles o no, porque en definitiva se trata de los habitantes del mundo López y tampoco se trata de devorarlos por el simple hecho de que sean hongos”.

“El segundo mundo está bastante bien. Se llama Abisinia de Noche y tiene sinfonolas con los hits del momento, futbolines, mesas de ping-pong y de billar, tragaperras, pinballs y máquinas con lusesitas de colores. La gravedad cero complica un tanto las partidas, así como la actitud de los aborígenes, que siguen un peculiar credo según el cual: uno, perder es ganar, dos, más es menos y tres, Dios manifiesta sus voluntades por medio de las bolas de pinball. Según lo que tarde una bola en ser engullida, así será tu experiencia vital, tu suerte, tu destino y tus posibilidades de obtener partida gratis en la máquina de orgasmos. Y ya se sabe que en esta vida no se puede tener todo”.

“El tercer mundo está en mi barriga, se llama Estrellamichelín y lo descubrí un día que inspeccionaba las grasas que en loca cadencia se desparraman minuto a minuto a lo largo y a lo ancho de mi humanidad. Su único habitante es una ameba unicelular insaciable que absorbe y digiere todo cuanto se acerca a unas pocas millas de su campo gravitatorio, sean BigMacs, alubias con chorizo, puré de guacamole, polvo cósmico, piedras, chatarra, basura orgánica, envases reciclables o mierda variada no reciclable. Podría aniquilarla, pero no sin provocar mi muerte al mismo tiempo, por lo que he aprendido a convivir con ella”.

“En el cuarto mundo habita el Niño Cabezudo. Tiene bastante mala leche y no admite visitas de manera indiscriminada. Hay que negociar, y sus exigencias varían caprichosamente según el día y su estado de ánimo. De la misma manera, el Niño Cabezudo otorga a su mundo un nombre aleatorio, que suele cambiar según su humor. La última vez que le visité, le llamaba Mundo Lpzfhgs, pero dudo que aún recuerde la combinación de letras que para la ocasión barruntó. El Niño Cabezudo es de por sí obstinado, terco y cabezón, y para obtener su permiso de semejante guisa hay que hablarle: Niño Cabezudo, Niño Cabezudo, ¿qué podría entrar un rato en tu mundo? El va entonces y pone precio a la visita, y uno puede aceptar. O no. Según lo que pida, porque a veces se pasa un huevo”.

“En los aledaños del quinto mundo un indicador reza Cuidado con el Mundo Pérez, pues ese es el nombre del quinto mundo, y realmente hay que tener precaución si uno está dispuesto a hollarlo. Todas las substancias de este mundo, absolutamente todas, son alucinógenas, y no necesariamente deben ser tragadas, basta con tocarlas, algunas de ellas incluso basta con mirarlas. Es por ello que muchos osados mundonautas permanecen y permanecerán irremisiblemente atrapados en él, perdidos en recovecos de dimensiones imposibles, ciegos, sordos e insensibles a toda percepción habitual, porque han abierto puertas que se han cerrado y desaparecido a sus espaldas, y ahí están, esperando el advenimiento de un Ulises que ilumine su camino de regreso a casa. Así es Mundo Pérez. Yo, por si acaso, me lo miro desde fuera”.

“Al sexto mundo todos lo llaman Lucy-In-The-Sky y tiene géisers de CocaCola, dunas de helado de nueces de Macadamia, estanques de Bayleys y cosas asín. Siempre que voy acabo colgado en el autocine, viendo una de miedo con una rubia tontita en el asiento de atrás. Olvidaba mencionar que todos los habitantes del Mundo Lucy-In-The-Sky son rubias tontitas con cuerpazos tremendos, y todas se llaman Lucy. Aunque hay que decir que una vez te has tirado a una, te las has tirado a todas. Están interconectadas entre sí y cuando una tiene un orgasmo, las demás pues también; puede sonar guay pero en la práctica resulta un tanto engorroso”.

“En el séptimo mundo, que se llama González, están muy avanzados tecnológicamente, pero ahora mismo andan muy liados y no es recomendable visitarlo. Pasa que solucionaron el tema de la muerte, o dicho de otra manera, descubrieron la inmortalidad. De paso, también solucionaron lo de la resurrección y tomaron algunas decisiones equivocadas que los están llevando de cráneo. Por ejemplo, en un exceso de optimismo resucitaron a todos los muertos desde el inicio de su mundo. Eso trajo dos problemas: por una parte, los suicidas argumentaron que con qué permiso se les había devuelto una vida que no deseaban, y lo que era peor, para siempre –puesto que ahora eran inmortales-. El Gobierno debe ahora afrontar cientos de miles de demandas de indemnización por daños y perjuicios morales a los suicidas. Por otra parte, todos aquellos que en su momento fueron asesinados han reclamado ahora justicia para con sus asesinos, para los que exigen cadena perpetua, ya que no pueden solicitar la pena capital, por lo de la inmortalidad. Lo cual significa que el Estado debería afrontar eternamente los gastos de alojamiento y manutención de montañas de pérfidos asesinos. O sea que hay un lío que te cagas. Y como siempre acaba cotizándose y apreciándose aquello que es escaso, en este mundo lo que ahora priva es ser mortal. La mortalidad cotiza a la alza, prométale a un gonzaliano una bonita muerte y éste le ofrecerá riquezas sin límite”.

Y asín seguí y seguí, hasta que por fin, pasadas veintitrés horas y unos cuantos minutos alcancé, si bien no el último de los mundos, sí el mundo que hacía ochenta y que a la postre iba a ser el último que visitara y describiera. Y así hablé de él:
“El mundo que hace ochenta es la Nada y me es terriblemente familiar puesto que acostumbro a frecuentarla. Su puerta de entrada está en un agujero del bolsillo de mi bata de laboratorio, su puerta de salida es el agujero del culo de nuestro colega, Sillón J, o Silla Jotera, como le gusta a él denominarse. La Nada no tiene habitantes, mejor dicho, no tiene habitantes fijos; quien cae en ella la habita durante un tiempo, pero a la que puede aprovecha la oportunidad de huir, nadie permanece por su gusto en la Nada. Aunque cabe decir que yo me he familiarizado con ella y puedo pasar allí largas temporadas; sin embargo, para hacerlo más llevadero aconsejo proveerse de algunos gadgets de entretenimiento: un cuaderno de sudokus, una casette de Los Manolos, una peli del Torrente, una revista guarra, en fin, cada uno según sus gustos. Y ya está, son las veintitrés horas cincuenta minutos; me ha sobrado tiempo y todo. Señores, he ganado”.

Y eso fue lo que les conté a los colegas en la secreta sede de la Liga Secreta De Escritores y asín fue como gané la apuesta a aquel otro tipo, un tal Julius, que salió hace ochenta y un días y todavía no ha vuelto.

"Besarás mil sapos"




Por Cofrade Hama K

“Besarás mil sapos y no encontrarás a tu príncipe”
(Pintada anónima sobre un contenedor en Gran de Gràcia, mayo 2008)


- ...que no, señorita, que no hay granjas de sapos, ni en esta ciudad ni en todo el país, a lo mejor en Oriente, en China o en Japón, o en Corea o en sitios asín, que comen cosas raras y no le hacen ascos a casi ná...

Inasequible al desaliento, Bellalinda proseguía su descabellado itinerario hacia el inaudito lejano, de charca en charca, de aguazal en aguazal, cazando sapos compulsivamente para besarlos con pasión y luego reventarlos histérica contra una piedra al ver que no sucedía nada.

- Yo sé que en algún lugar, en este mundo o en los inhóspitos confines del mundo Lpzfhgs, mi príncipe espera – le decía a un simpático aborigen que, extrañado, la inquiría sobre su desordenada conducta.

- Lo que yo sé, señorita, es que los sapos son sapos, las ranas ranas, y los príncipes pues eso, príncipes, como el príncipe Felipe, el Carlos de Inglaterra o el moñas ese de Mónaco, y cierto es que a veces andan un tanto colgaos, pero devenir sapo, o al revés, se me hace inverosímil, porque esto, señorita, sólo pasa en los cuentos, y ya debería saber usté a sus años que los cuentos no son verdá, y ya puede besar usté a mi asno, a mi perdiguero o incluso a mí si no hace usté ascos a ello, que no creo sea el caso después de besar a tanto batracio, que la acémila seguirá siendo una acémila, el perro un perro y yo continuaré siendo igual de bruto y pueblerino, quizás un poco más empinado, eso sí, pero básicamente el mismo ignorante que tiene usté delante. Si usté me permite, señorita, yo lo que yo creo es que se ha quedado usté como obsesioná con algún cuento que leería de pequeñita, eso más algunas malas experiencias en las lides amorosas, me refiero a desengaños, abandonos, repudios, violaciones, cosas asín, que cuando algo tiene que ir mal pues mal va, y asín estamos, como don Quijote pero persiguiendo sapos en lugar de gigantes. Si me permite usté un consejo, olvídese usté de los sapos y bese a las personas, que si ha de salirle algún príncipe entre los batracios no será.

En el centro de la pista, bajo la bola de espejos, se arremolinaba una muchedumbre alborotada.

- ¿Qué pasa? -inquirió un despistado al guardia de seguridad.

- Nada, otra vez la loca esa que busca al príncipe... Se lía a besuquearse con todos los tíos, a ver si alguno se convierte en sapo o yo qué sé, el caso es que dice que anda buscando a su príncipe, y que cuando le bese sabrá que es él.

- ¿Y traga la tipa esa?

- Que va, ni follar ni mamadas ni nada, sólo besos, como mucho con lengua si tiene dudas, pero ya ve usted las colas que se le montan, claro, con lo quemado que va el personal...

"La ratita guarrilla"



Por Cofrade Sofá S

Érase una vez una jovencita a la que todo el mundo conocía como la Ratita. Un día la Ratita llegó a su casa y encontró diversas prendas de ropa tiradas por el suelo en el trayecto que iba a la habitación de sus padres, de donde se escapaban suspiros, jadeos y exclamaciones varias. La Ratita sacó la cartera del pantalón de caballero y no se sorprendió cuando vio que pertenecía a Ramón, un amigo de su padre, cogió la visa y se fue, pues no quería molestar.
Feliz con la visa en la mano, saltaba por la calle la Ratita. “¿Qué me compraré?”, se preguntaba. “Ya lo tengo, me compraré dulces y caramelos. No, no, dulces y caramelos no, que se me estropearan los dientes, como a la Piños. Mejor voy al McDonald’s a comerme unas hamburguesas. No, al Mcdonald’s tampoco, que con la comida basura echare a perder la línea tan estupenda que tengo. Ya está, me compraré ropa”, decidió finalmente,”que hace tiempo que me han salido las teticas y no tengo ropa para lucirlas.”
La Ratita se compró ropa ajustada y minimalista. Cuando su padre la vio vestida así, dijo.
- Esta niña parece un putón.
- ¡Qué dices! Si va a la moda. Lo que pasa, es que tú eres un antiguo –le replicó la madre. Quien, por la cuenta que le traía, había pactado defender a la Ratita, aunque, eso sí, le había hecho devolver la visa.
La Ratita con su nuevo look tenía loquitos a los chicos. Primero se enrolló con Borja Eugenio, que era un chico tímido, apocado y ya con coche, pues sus padres, que tenían pasta, se lo habían comprado. Borja Eugenio estaba tan excitado por haber ligado con una tía, que cuando pasaron al asiento de atrás de su coche se corrió antes de meterla. La Ratita le dijo que no tenía importancia, que no se preocupara. Pero a partir de ese día, cada vez que Borja Eugenio le proponía que quedaran, coincidía que ella tenía cosas que hacer.
Después, la Ratita se fijo en Adolfo Gustavo, que le había enviado varios poemas en los que le declaraba su encendido amor. Una tarde que sus padres habían salido, la Ratita se acostó con Adolfo Gustavo, quien se comportó de forma muy tierna y cariñosa con ella. Mientras se dedicaron al folleteo a la Ratita le resultó agradable, pero después tanto mimo y miramiento la empalagó, las miradas de cordero degollado, los versos acaramelados, el hacer manitas o sobarla continuamente terminaron por agobiarla, se sentía untada de pringue de caricias y babas de afecto.
Por fin, la Ratita consideró que lo mejor era ir a por el tío que a ella le molaba, el Buga, un macarrilla musculoso que salía con su mejor amiga, la Topillo. Así, que se afeitó el coñito y cuando estaba en la disco tomando un cubata con ellos dos, les dijo.
- A mi no me importaría hacer un trío con una pareja guay como vosotros. Porque vosotros sois una pareja abierta, ¿verdad?, sin prejuicios.
- Sí, claro, abiertos…, sin prejuicios… -respondió el Buga atragantándose con el cubata y repasándola con la mirada.
- Bueno bonita, nosotros somos abiertos, pero no nos vamos a la cama con cualquiera –intervino la Topillo.
- Con cualquiera no, pero con tu mejor amiga, ¿qué me dices?
- Que sí –intervino el Buga, que veía la posibilidad de alcanzar uno de sus sueños.
La Topillo, cuando vio el coñito sin pelo de su amiga, supo que tenía la partida perdida. “Esto me pasa por hacerle confidencias a esta zorra”, pensó, “y por no atreverme a afeitármelo yo. Claro que la muy guarra me dijo que no lo hiciera, que no era higiénico, pues ya ves por donde se pasa la higiene la marrana esa”. La Topillo se quedó un rato por el que dirán, comprobó que el Buga flipaba con los coños rasurados y luego dijo que se tenía que ir, que había quedado. El Buga y la Ratita ni siquiera se molestaron en disimular, le dijeron que adiós muy buenas y se dedicaron a lo suyo.
Con el Buga, la Ratita vivió una temporada maravillosa, gozó del amor, su única preocupación era ir con cuidado de no cortarse cuando se afeitaba entre las piernas. Esta situación duró hasta que un día el Buga le dijo.
- La Piños quiere que hagamos trío.
La Piños no solo se había arreglado la dentadura, sino que también había ido a Corporación Dermoestética y le habían retocado en varios sitios, especialmente el volumen y firmeza de las tetas y el trasero. La Ratita no se quedó a comprobar si también se rapaba el chochete. Muy digna ella, se despidió del Buga y se fue.
La Ratita volvió a casa de sus padres, pero no quería quedarse mucho tiempo, le urgía encontrar marido. Primero se tropezó por la calle con Adolfo Gustavo. Éste le llevó a su casa donde le enseñó un libro de poemas en el que se dolía del amor perdido. Después, el poeta dijo.
- Ratita, ¿te quieres casar conmigo?
Aunque los poemas eran francamente buenos, la Ratita no se dejo impresionar y le preguntó.
- Y por las noches, ¿qué harás?
- Te leeré mis poemas –le contestó.
La Ratita declinó la oferta de Adolfo Gustavo. Le dijo que puesto que el dolor le había inspirado tan bellos versos, no quería privarle de la causa de su inspiración.
Después se encontró con Borja Eugenio, el cual ahora dirigía una de las empresas de su padre y tenía un Mercedes.
- Ratita, ¿te quieres casar conmigo? –le propuso Borja Eugenio.
- Y por las noches, ¿qué harás? – preguntó ella.
- Dormir y callar – le contestó.
- Pues contigo me he de casar.
Gracias a este matrimonio la Ratita alcanzó la felicidad, a pesar de que con el divorcio solo consiguió la casa y medio millón de euros. La mayoría de los bienes estaban a nombre de su suegro. Ofendida, por la miseria que le habían dado, se fue a los programas de cotilleo de la tele y explicó las miserias sexuales de su matrimonio. Al pardillo de Borja Eugenio no se le ocurrió otra cosa que ir a los mismos programas y contraatacar contando que ella le había contagiado la gonorrea. Creía, el muy ingenuo, que así la humillaría y se callaría. La Ratita volvió a la televisión y explicó, por entregas y con todo lujo de detalles, todas las veces que le había puesto los cuernos a su marido. La Ratita cobró una pasta gansa por todas estas confidencias, además ahora participa en las tertulias de estos programas y parece ser, que dentro de poco tendrá su propio programa, “Cuéntaselo a la Ratita”.